viernes, 21 de mayo de 2010

Una mañana en el Museo El Castillo (cronica)




UNA MAÑANA EN EL MUSEO

Eran las 10:30 AM, cuando nos encontrábamos en una calle estrecha franqueada por altos y antiguos árboles, a los cuales les colgaban unas melenas de más de un metro de largo. “Así le gustaban a Doña Benedickta” dijo la joven que, con algo de sueño y pereza, iba guiando a los únicos visitantes de el Castillo. Mi mamá y yo.
Más adelante, después de pasar por los coloridos jardines y la fuente que tenía una especie de Venus en el centro. Nos daba la bienvenida al museo un gran busto situado en la base de las escaleras; que en su placa rezaba “Diego Ricardo Echevarria Misas 1895 - 1971”.

Salón de entrada

El recorrido en el interior del Castillo, comenzaba en un salón, frente a la entrada principal, se encontraba una llamativa escalera de dos tramos; de su techo colgaba una lámpara de ocho brazos hecha en cristal de Baccarat, ésta iluminaba especialmente las pinturas de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, las cuales estaban colocadas a cada lado de la puerta. Mientras observábamos las pinturas, las porcelanas, la lámpara, los candelabros, que casi alcanzaban medio metro de altura, y la tentadora escalera, la joven guía con su característica pereza, nos explicaba algunos detalles como que, el estilo del Castillo es gótico medieval y que fue construido en 1930 con base en los castillos del Valle de Loira en Francia.

Salón Francés

Luego, caminando sobre el chirriante piso de madera, pasamos al salón francés, o también conocido como salón Luís XV; allí encontramos hermosas pinturas, esculturas, muebles y espejos estilo barroco, todo traído desde Francia. Aquí el color reinante era el dorado, los marcos de los cuadros, de los espejos en cristal de roca, la talla de los muebles y los objetos colocados en las diferentes mesitas, poseían este color.

Salón de Música
Después, continuando con el recorrido hacia el salón de música, encontramos un antiguo piano negro media cola, el cual fue utilizado por Isolda, la única hija de Don Diego y Doña Benedickta.
La joven guía con una brillante memoria, nos iba señalando cada uno de los objetos mas destacados del salón; después del piano, el siguiente objeto, era un colorido vitral de la Virgen, el cual fue traído desde Suiza; “éste es una copia del maestro Bernardino Luini, un discípulo de Da Vinci” dijo la guía. Cerca al vitral de la Virgen, había un ánfora de porcelana que le perteneció a un rey de Sajonia, ésta estaba situada sobre una mesa alta, pero estrecha.
Más adelante, nos situamos en el hall de las azaleas, en el cual observamos un cuadro que lleva su nombre. Este salón posee un gran ventanal, haciendo de éste espacio uno de los más iluminados del castillo; a través del ventanal se puede observar la escultura “el niño y el pez” que fue traida desde Alemania.

Salón Comedor

Uno de los espacios más sobrios y elegantes del museo, es el salón comedor, en el cual prevalece un estilo renacentista español; en el fondo del salón se encuentra un vitral de la biblioteca de Itagüi, la cual fue donada por Don Diego; a un costado del comedor de ocho puestos se encuentra una vitrina con una colección de platos Holandeses de fina porcelana. “Este espacio era utilizado sólo para grandes ocasiones” nos contó la guía; cotidianamente utilizaban el comedor auxiliar que contaba con cuatro puestos, a un lado había otra vitrina que guardaba una diversa colección de pocillos, al lado opuesto de éstos, se encontraban bandejas y jarras de plata.

La Biblioteca

Después de 30 minutos de recorrido, regresamos a la entrada, ya nos disponíamos a subir por el tramo derecho de la escalera, la cual nos guiaba al segundo piso. Al lado izquierdo, se encuentra la biblioteca, donde Don Diego pasaba la mayor parte de su tiempo. Allí, alrededor de toda la habitación, se encuentran 3000 libros en grandes estanterías de vidrio; sobre éstas estanterías hay colgadas pinturas de grandes músicos como Cesar Frank y Beethoven.

Isolda
Saliendo de la biblioteca, nos dirigimos hacia el cuarto de Isolda, la única hija de don Diego y doña Benedickta, ella fue el gran amor de ambos, aun después de su muerte.
En el centro de la pared derecha, estaba su cama, al lado izquierdo su ropero, que con una puerta de vidrio deja ver algunas prendas como el vestido de su bautizo y el uniforme del colegio La Enseñanza; diagonal al ropero, al lado de una puerta que da a un balcón, está su primer coche. En esta habitación hay muchas fotos de Isolda con su madre, colgadas de la pared, y en la parte superior de ésta se encuentra una cenefa dibujada por Isolda y su madre, en la cual pintaban los cuentos favoritos de la niña como: Caperucita roja, Hansel y Gretel, Blanca Nieves, La Bella Durmiente, entre otras.
En la habitación siguiente se encuentra el cuarto de Isolda cuando era joven.
Al lado de la puerta se encontraban las fotografías de cuando fue presentada en sociedad, una foto a sus 13 años y otras siete fotos más; sobre la cama se encontraba el vestido con el cual ella fue presentada en sociedad.

Una casa de familia

Pasando por un corredor hacia el ala izquierda de la casa, se encuentran dos habitaciones, la primera la de Don Diego. Este cuarto era el más grande de la casa, al lado de la puerta hay una pintura de un mosquetero con una pipa, en la parte derecha se encuentra la cama hecha de madera de cerezo, y al lado de la cama una mesita, sobre la cual se encontraba un radio. Desde este cuarto se puede entrar al cuarto de Doña Benedickta. Allí esta su cama con un tendido blanco, un tocador isabelino y al lado de la puerta, una foto de Benedickta con su hija Isolda.
En esta habitación terminó nuestro de recorrido, en el cual nos sentimos transportados a esa época en la que el castillo todavía era una casa de familia, casi se sentía, como si en cualquier momento los dueños fueran a regresar. Aunque la experiencia fue muy buena, es triste saber que son pocas las personas que tienen conocimiento de la existencia del museo, y que las visitas a éste sean muy pocas. Cosas como este paulatino olvido, son las que hacen que nuestros espacios culturales, vayan perdiendo fuerza cada día más.

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